• Mujer paseando con su perro
    Sheila de 38 años se enfada un poco cuando le preguntan  por qué está sola o soltera, puesto que es una decisión muy sopesada valorando sus pros y contras.
    Ante esos comentarios inoportunos, comenta ” Yo no soy soltera, soy single”.

    ” Esta opción, cada vez más valorada y apreciada por las nuevas generaciones de nuestro país, está vinculada a los nuevos hábitos de vida.
    Según algunos estudios, los más de tres millones de españoles “impares” de entre 30 y 45 años disponen de ingresos significativamente superiores al resto de individuos del mismo tramo de edad, tienen más dinero y gastan más en cultura, viajes, lectura, espectáculos…

    La sociedad actual, lejos de asociar a los solteros con personas aburridas y carentes de motivaciones, los observa como afortunados que generalmente no se privan de nada, que viven a “todo trapo” y no cesan de hacer planes. Un claro ejemplo es el protagonizado por las mujeres solteras, con una independencia económica creciente que no condiciona su vinculación a otra persona.

    Cuando una persona decide vivir solo  o sola, es posible que no sea una decisión madura en el 100% de los casos, también es posible que no haya superado el miedo al fracaso respecto a convivir en pareja. Bien por una experiencia anterior traumática, bien porque no confia en ser capaz de disfrutar de un compromiso.

    ¿Es negativa la soledad?

    Aparte de las consideraciones sociológicas y psicológicas, lo más importante es determinar la actitud y el grado de soledad con el que viven cada vez más personas que no quieren unirse a nadie. Para ello, hay que aclarar en primer lugar que la soledad no tiene por qué ser necesariamente una situación negativa. La soledad es positiva o negativa dependiendo de cómo se viva, y en el caso de los solteros, la tipología es amplia.

    • Los convencidos. Están satisfechos de su situación. Canalizan sus energías hacia la profesión, las actividades humanitarias, la religión, la ciencia. A veces desembocan en esta “convicción” procedentes de fracasos amorosos o porque realmente están convencidos de que la vida en pareja está reñida con la libertad.
    • Los perfeccionistas exigentes. Son los solteros que no encuentran ninguna persona que tenga las características necesarias para llevar una vida en común satisfactoria y que a la vez les permita desarrollarse personalmente.
    • Los aventureros. Se sienten muy atraídos por la vivencia de aventuras como viajes exóticos y deportes alternativos. Las compañías les duran si son capaces de compartir las aventuras. Viven buscando novedades constantemente.
    • Los autosuficientes. Son absolutamente independientes para disfrutar en soledad de los atractivos de la vida. Incluso viven como un estorbo cualquier tipo de compañía que siempre crea problemas.
    • Los que dicen resignarse. Son los solteros que siempre responden que sí cuando se les pregunta si son felices y los que insisten en convencer al otro de que no necesitan a nadie. Sin embargo, en momentos de intimidad confiesan su amargura y su soledad mal vivida después de relaciones fracasadas o amores no correspondidos.
    • Los que “vuelan de flor en flor”. Les asusta el compromiso y la fidelidad incondicional para siempre. No se atan porque se consideran “infieles” por naturaleza, incapaces de vivir para una sola persona. Rompen una y otra vez sus distintas relaciones y no se sienten mal por ello.
    • Los egocéntricos. Consideran que una vida en pareja estable supone compartir dinero, tiempo, preocupaciones y problemas ajenos, y no están dispuestos.
    • Los tímidos. Conviven con su propia soledad porque les resulta excesivamente duro hacerse visibles en los entornos sociales. No se exponen al posible ridículo por no ser aceptados.
    • Los amargados. Viven su soledad con un sufrimiento interno y una frustración tan importantes que padecen su soltería como una enfermedad, añorando en secreto que alguien les quiera. Acumulan agresividad y envidia latente contra aquellas personas a las que les va bien y a las que suelen criticar.

    Lo que realmente está en juego es cómo se vive la soledad. Porque conviene recordar que también hay soledad de la mala en compañía y que muchas personas casadas se sienten dramáticamente solas. Por esta razón, se haya elegido o no vivir en estado “impar”, “single” o “soltero” lo importante es el cultivo de actitudes para vivir la soledad como una oportunidad de desarrollo personal.

    Las personas que viven solas tienen la ventaja de experimentar menos controles sobre su conducta, pero también tienen menos oportunidades de contrastarla para que evolucione favorablemente. Por eso necesitan tener bien despiertas sus actitudes vitales, para que la soledad en la que viven no se convierta en foco de sinsabores.


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